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“Claves y proyecciones de la sociedad actual”
I
JORNADAS DE EVANGELIZACIÓN DE LA CULTURA: |
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Señores: Agradezco en primer lugar a Monseñor Cargnello, que me ha permitido compartir este Encuentro con tan ilustres visitantes, y también con panelistas cuyo renombre y presencia distingue a estas Jornadas. A todos Uds. por disponerse a escuchar estas breves reflexiones de quién habitualmente transita en lo técnico y disciplinar, y teme referirse a las cosas en un contexto amplio y difuso como del título que nos convoca. Aproximación al tema y a su contexto 1.- No resulta tarea sencilla afrontar las preguntas implícitas contenidas en el título de este panel, que tiene el propósito de invitarnos a indagar sobre aquellas manifestaciones que desde el hombre y lo comunitario, permitan discernir el derrotero al que eventualmente podrá dirigirse en los próximos tiempos y durante su trayecto histórico la sociedad civil de la que somos parte. 2.- La misma expresión “claves” aparece desafiante, pues anticipa la necesidad de encontrar aquella o aquellas llaves o códigos que habiliten una lectura anticipatoria, proyectando la idea de que efectivamente podemos a modo de nigromantes o futuristas, hacernos de los resultados de nuestras acciones antes que estas acontezcan. 3.- Pero siendo el mundo y la actividad del hombre tan complejos y diversos, el único modo posible de comprender sustantivamente lo humano es indagando a partir del proceso que lleva a la integración de los saberes en búsqueda de aquella Verdad única que todo lo explica y contiene.
4.- Desde ya no es
dicha tarea cuestión en la que me sea posible incurrir realmente con
seguridad en orden a las limitaciones de formación propias de una
persona común. El mundo concreto en su evolución 5.- Es claro para todos nosotros, que nuestro compromiso como católicos solo es posible comprenderlo si es analizado y valorado en el contexto específico de lo personal y de lo social. 6.- Si bien hay quienes todavía se aferran a posiciones contrarias y niegan lo evidente, comprendimos hace bastante tiempo que ningún ingenio o descubrimiento científico o técnico nos debe ya sorprender, pues intuimos que aunque no tengamos suficientes certezas, muchas de las formulaciones nacidas de la ubérrima imaginación humana podrían en breve transformarse en realidad. 7.- Pienso, si en el Siglo XIII, Stephen Langton, sacerdote inglés y canciller de la Universidad de París, artífice de la Carta Magna inglesa, que ya en su tiempo discutía sobre la tiranía, hubiera podido sugerir los cambios que se dieron en la organización institucional de los gobiernos y países en los años que lo siguieron; o si hubiera sido posible advertir la aberración e intensidad de las guerras -y de sus motivaciones de poder- que se suscitaron durante el Siglo XX; o si alguien hacia el año 1600 podría haber imaginado el advenimiento, solo un siglo después, de la sociedad industrial. Ni que mencionar la cantidad de inventos y procesos que al industrialismo le siguieron sin solución de continuidad en estos dos últimos siglos, en donde el hombre va teniendo mayor intervención en la naturaleza, produciendo bienes que le aportan cada vez más bienestar material pero que no siempre influyen positivamente en su propia vida ni en la de las naciones. 8.- La mayor capacidad científica y el desarrollo de la ciencia hacen que el hombre, insensiblemente a veces, y otras concientemente, se atenga más a su propio saber y descuide su condición de criatura creada por un ser superior y providencial que es en definitiva quien lo acerca a ese mismo conocimiento. Aludo a esta tremenda afluencia de variables pues la cuestión no estriba solamente en como han ido adaptándose a esas circunstancias las sociedades, las familias y las personas, sino que en la misma medida del progreso tecnológico y científico se fue modificando la proximidad del hombre a los valores que sustentan la convivencia, colocándolo ante un nivel de incertidumbre nunca avizorado, dejándolo muchas veces asaltado por la soledad y la intemperie. 9.- No es casual la actual búsqueda de respuestas en lo mágico, o en el discurso místico de ciertos pastores de la cura física o espiritual inmediata, o la presencia de un pesimismo activo respecto al fenómeno de la trascendencia humana. Lo inestable como una constante 10.- No pareciera que la palabra “crisis” pudiera comprender a estas cuestiones, pues lo que se advierte es un profundo cambio, una mutación en formas de vida, organización social y actitud humanas. Mutación no en el sentido biológico de “variación brusca de una característica hereditaria en una especie o línea”, sino desde una perspectiva mas sociológica referida a “una transición entre dos situaciones estables”, lo que proyecta la idea de “inestabilidad”, que es verdaderamente lo que acontece con el devenir humano en estos tiempos difíciles que transitamos. 11.- El hombre ha aumentado sus posibilidades de supervivencia y tiende a dominar los fenómenos de la naturaleza, pero a la vez ello entraña un grave peligro para la misma naturaleza y la vida. Ha acelerado el ritmo consumista de una explotación muchas veces despiadada y descontrolada de los recursos naturales, con la secuela que ello trae aparejado en las poblaciones más débiles y desguarnecidas. 12.- El hombre se multiplica y la producción se multiplica. En tal sentido, es cierto, se hacen muchas especulaciones y otras veces se exagera el tono. Inclusive, contra lo que muchos “milenaristas” (¿hoy ambientalistas extremistas?) afirman, quizás sea perfectamente posible encontrar fuentes alternativas de energía a las actuales que permitan mayores reservas y menor contaminación; como así que crezca temporalmente la disponibilidad de materias primas, alimentos y productos de consumo; que haya mayor producción y mejor utilización de recursos hoy no aprovechados. 13.- Pero tal posibilidad no significa en absoluto desconocer la profundidad del daño ambiental, o no seguir bregando intensamente por la conservación del mundo, de sus recursos y de la preservación de la naturaleza misma, haciendo de ella un uso racional y sustentable que permita a las futuras generaciones un disfrute de los bienes con similar alcance a lo que hoy acontece.
14.- Lo que no sucede
al mismo ritmo del desarrollo tecnológico, ni menos aún es abarcado con
igual vigor en la mayoría de las agendas de la política local,
nacionales o internacionales, es la asimetría con la que todo ese
proceso se manifiesta mundialmente, en donde un gran número de personas
viven en niveles de pobreza indignos, ajenos a las modernas tecnologías
y al bienestar del que goza una porción minoritaria de la humanidad. La igualdad y la paz 15.- Es en este punto en donde parece que debe ponerse el acento, pues cualquier posición que insista por un camino de desarrollo desigual, ajeno a las concretas demandas de acceso a la formación básica y a bienes de consumo humano mínimos para estos tiempos, estará necesariamente condicionado en su desarrollo, pues carecerá de un condimento básico: la paz, “...bien preciado pero precario que debemos cuidar y promover”3. La injusticia originada en la desigualdad notoria de ingresos, educación y oportunidades constituye siempre un ingrediente desestabilizador para la paz. 16.- Juan Pablo II convocó a “Hacer libremente el bien y evitar el mal”4, lo cual debe implicar primero la capacidad para distinguir entre ambos; luego, atender a que el paradigma del bien requiere en el hombre la recreación de un ambiente en donde la presión del mal sobre el bien sea mitigada por la Divina Providencia, que en el orden humano y social debe representarse a partir del hecho de que sea posible “mostrar el bien”, es decir conjugar acciones y propósitos que permitan el acceso a la educación, a la salud y al bienestar humanos. 17.- El mismo Juan Pablo, en Santo Domingo hacía referencia a una crisis cultural de proporciones insospechadas, llamando la atención en su testamento en cuanto a que “Los tiempos en los cuales vivimos son indeciblemente difíciles e inquietos”5. Es por ello que en su momento nos animó a conocer y comprender el mundo en el que vivimos.
18.- Nuestro Papa
Benito, en un mensaje reciente6,
aludía a que “quién tiene mayor poder político, tecnológico o económico,
no puede aprovecharlo para violar los derechos de los otros menos
afortunados. En efecto, la paz se basa en el respeto de todos”. 19.- A partir del siglo que pasó el “cambio” es percibido como un indicador de que no es posible anticipar sus consecuencias ni dirección; lo importante, para que podamos distinguir sus tendencias, es involucrarnos en el mundo y participar en los diferentes caminos que se abren con los nuevos descubrimientos y proyecciones científicas y filosóficas. El entonces teólogo y cardenal Joseph Ratzinger reflexionaba en cuanto a que el hombre nunca puede permanecer “...como puro observador; el que intente hacerlo no experimentará absolutamente nada. Por eso la realidad “Dios” solo se le aparece al que se implica en el experimento con Dios, ese experimento al que llamamos fe. Así pues, solo el que se implica, experimenta”7. La cumbre del milenio 20.- Consecuencia de ese contexto de preocupaciones sobre la importancia de coordinar esfuerzos entre países para obtener resultados positivos concretos fue celebrada en la ONU, el 8 de septiembre de 2000, la denominada Cumbre del milenio, en donde 189 jefes de estado y de gobierno emitieron un documento8 que los compromete a trabajar juntos para conseguir la realización de ocho objetivos de desarrollo específicos que deben ser alcanzados hasta el año 20159. 21.- Constituyen estos objetivos: 1- Erradicar la pobreza extrema y el hambre; 2- Lograr la enseñanza primaria universal; 3- Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer; 4- Reducir la mortalidad infantil; 5- Mejorar la salud materna; 6- Prevenir el SIDA, malaria y otras enfermedades; 7- Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente y, 8- Fomentar una asociación mundial para el desarrollo. 22.- Es decir, pobreza, educación, igualdad, salud, mujer, medio ambiente y economía, todas cuestiones presentes en la agenda y discursos políticos de muchos dirigentes de distintos países, pero que en los hechos son consideradas con poco apego y menos resultados, con lo cual es posible imaginar anticipadamente las dificultades que habrá para alcanzar las metas previstas, lo que profundizará la brecha entre el mundo desarrollado y el que lucha en medio de la emergencia. El compromiso del cristiano ante el mundo 23.- No dejan de ser importantes los propósitos formulados en la Declaración aludida, a la que menciono como ejemplo concreto de resumen de las preocupaciones que la sociedad internacional señala como de la mayor significación en estos tiempos. Lo importante es que por primera vez existe un consenso básico internacional sobre los problemas principales de la convivencia humana. Ahora, ¿son aquellas las únicas cuestiones sobre las que hay que preocuparse en orden a la confección de una agenda mundial? 24.- Por cierto que resultaría posible incorporar temas relativos al abastecimiento energético, el desarme, la droga, la corrupción, el tema de la disponibilidad del agua, la contaminación, la violencia, entre muchos otros asuntos en tanto problemas que se advierten en este concreto tiempo histórico. 25.- Pero en términos de la citada Cumbre, lo comprometido constituye para los pueblos del mundo “…una oportunidad única de reflexionar sobre su destino común en un momento en que se encuentran más interrelacionados de lo que nunca lo han estado...” 26.- En ese orden de ideas, el Papa Benedicto XVI se preguntaba, observando las regiones del planeta que aún viven en condiciones de gran atraso, “¿que género de desarrollo, o de no desarrollo, les impondrá la escasez de abastecimiento energético?, o ¿que injusticias y antagonismos provocará la carrera a las fuentes de energía?, y ¿como reaccionarán los excluidos de esta competencia?”, cuestiones que evidencian de que manera el respeto por la naturaleza está vinculado estrechamente con la “...necesidad de establecer entre los hombres y las naciones relaciones atentas a la dignidad de la persona y capaces de satisfacer sus auténticas necesidades”10. 27.- Hay en lo indicado una clara delimitación del compromiso y la responsabilidad social hacia el mundo, cuestiones que no pueden ser ajenas en absoluto al ámbito de lo católico. El deber de ser protagonistas 28.- Desde ese punto de observación constituye un dato fácilmente verificable la ausencia de protagonismo católico en cuestiones que la propia realidad en curso nos propone. 29.- Ello aparece con más claridad aún en cuanto a los temas esenciales del hombre, aquellos que directamente impactan en los aspectos del bienestar integral humano y que están ausentes del debate político y del protagonismo social circunstancial. 30.- Es observable el que en ocasiones -no pocas- negamos al otro, nos refugiamos en nuestra egoísta comodidad de vivir, o no defendemos el valor de la vida, o el de la familia y declinamos nuestra visión de su rol fundamental en el proceso de madurez integral del hombre por una posición de apuro y de ausencia de compromiso. 31.- Existe entonces un fuerte desafío en conquistar la precisión de la identidad en un mundo en donde ella desaparece por la profusión de catálogos de ilusiones que la masividad de medios de comunicación disemina, y que influye en nosotros con sus imágenes de inmediatez y superficialidad. 32.- Y todo esto es tarea nuestra, es decir de los laicos que somos también testimonio de la presencia de Dios en el mundo, “No es tarea de la iglesia formular soluciones concretas y menos todavía soluciones únicas para cuestiones temporales”11, observación que expone aún más la responsabilidad histórica del cristiano con la humanidad. 33.- Lo cierto es que el mundo se ha vuelto estrecho, y ninguna solución política y social localizada resulta neutral. Las tecnologías de la información y las comunicaciones han posibilitado la instalación de la globalización como proceso, y ello nos pone en la evidencia de que no existen problemas sociales y humanos aislados sino que todos tienen en común, además de poder visualizarse simultáneamente, que sea posible encontrar respuestas a partir de una mirada que trasciende las fronteras físicas territoriales. 34.- En este nuevo mundo los grupos y las personas interaccionan directamente cada vez con mayor frecuencia a través de las fronteras, sin que intervenga el Estado, y esto resulta esencial para advertir la intensidad del ejercicio de la libertad de la que dispone el hombre en estos tiempos y la responsabilidad que ello conlleva. 35.- No se trata en el caso de imponer a otros nuestro punto de vista, sino de actuar con el ejemplo de la entrega desinteresada. Nuestra actitud debe ser orientadora, flexible, indicadora y realmente incitadora del bien si es que pretendemos reflejar nuestra propia esencia y los contenidos de nuestra formación.
36.- ¿Cual será
entonces una clave que permita proyectar o anticipar la evolución
social?
37.- Hay que asumir
hoy entonces que estudiar los problemas singulares de nuestra sociedad
es también afrontar los del mundo; y que abordar los del mundo influye
decisivamente en la respuesta a las cuestiones locales propias.
Dr. Alfredo Gustavo Puig Rector de la Universidad Católica de Salta
1 "El anhelo de la felicidad y el paradigma sapiencial cristiano", Cnl. F. J. Errázuriz Ossa. Pag. 108, "La Pastoral de la Cultura en América", Consejo Episcopal Latinoamericano, Pontificio Consejo para la Cultura, 2006 2 Documento Conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Aparecida, 13 al 31 de mayo de 2007, n. 25 3 Documento de Aparecida, n. 542 4 Veritatis Splendor, 42 5 "El anhelo de...", op. cit., pág. 106 6 "La persona humana, corazón de paz", 4, mensaje de Benedicto XVI para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz, 8 de diciembre de 2006 7 "Introducción al cristianismo", Joseph Ratzinger, pág. 150 (Edic. Sígueme, Salamanca, 2005), 8 "Declaración y Programa de Acción del Foro del Milenio de Nosotros los Pueblos: fortaleciendo a las Naciones Unidas para el siglo XXI" (A/54/959). 9 La educación superior en el mundo 2006, pág. 56 (Edic. Mundi-Prensa, 2006) 10 "La persona humana,..." " Concilio Vaticano II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, 76 |